Retiraron las plantas muertas y plantaron brotes nuevos. Esta vez Ahe los sujetó con cuidado y apretó suavemente la tierra alrededor de las raíces. Tao bajó la jarra para que el agua entrara despacio. El abuelo les ayudó a reconocer las malas hierbas.
Durante los días siguientes comprobaron si la tierra estaba seca, regaron cuando hacía falta y quitaron hierbas. Ahe aún tenía ganas de medir a veces, pero ya no tiraba de las plantas. Dejó la vara junto a la cerca y buscó qué cuidados hacían falta ese día.
Días después, Tao descubrió una hoja nueva. Ahe se inclinó y sonrió.—Esta vez ha crecido por sí sola. Las plantas no llegaron al cielo de repente. Los amigos no habían aprendido a quedarse sin hacer nada: habían aprendido a cuidar bien y a dar tiempo para crecer.
Adaptación infantil de la fábula de los brotes de Mencio, Gongsun Chou I. Los personajes y el final con nuevas plantas pertenecen a la serie original El jardín de cuentos de Tao.