Al otro lado del umbral

Tao estaba ordenando cosas dentro de casa cuando oyó la campanilla. Levantó la cabeza y prestó atención. El sonido era claro, como siempre que soplaba el viento.

Al acercarse a la entrada vio a Ahe fuera, con los oídos bien tapados y cara de estar muy tranquilo. Miró sus manos y después la campanilla, que aún se balanceaba a su lado.

Ahe había cerrado una pequeña puerta sobre sus propios oídos. No había cerrado los de Tao. La campanilla permanecía en su sitio y enviaba sus notas por la puerta abierta.