Debajo no hay espada

Al llegar al muelle, Ahe miró enseguida bajo la marca. Solo había luces y sombras sobre el agua. —La señal sigue aquí. ¿Dónde está la espada?

Tao estaba en el muelle. Al escuchar lo ocurrido, señaló el sauce a la izquierda. —Dijiste que cayó al pasar por aquel árbol, ¿verdad? El abuelo asintió mirando en esa dirección.

Ahe levantó los ojos. La piedra seguía junto al sauce lejano, pero la barca estaba en el muelle. —Yo viajé con la barca. La espada, no. La señal no había desaparecido: ahora estaba sobre otro lugar.