La barca siguió hacia la derecha. El sauce y la piedra blanca se quedaron a la izquierda, mientras el muelle se acercaba. Ahe bajó la vista: la marca seguía delante de él.
Eso lo tranquilizaba. No notaba que la señal viajaba con la tabla. Indicaba un sitio de la barca, no un sitio del fondo del río.
La barca recorrió más agua, pero la espada no hizo ese viaje. Seguía donde se había hundido. Entre una y otra aumentaba la distancia.