Ahe no volvió a mirar el sauce ni recordó la piedra de la orilla. Con una piedrecita hizo una sola marca corta en el costado de madera.
—Cayó justo por aquí. Tocó la señal con el dedo y respiró tranquilo. —Cuando lleguemos al muelle, buscaré debajo de esta marca.
La marca señalaba la tabla correcta, pero Ahe olvidó preguntarse si aquella tabla seguiría sobre la misma parte del río. La espada permanecía en el fondo.