El abuelo Song no retiró el dibujo de Ahe. Señaló la serpiente de madera entre las hojas. —¿Qué habías dibujado cuando paraste por primera vez?
—Una serpiente. Después pensé que más patas la harían más rápida. Ahe miró aquellas cuatro patas. —Pero no teníamos que dibujar el animal más veloz.
El abuelo asintió. —Podemos imaginar muchas cosas. Para esta tarea, conviene pensar qué hace falta. Ahe comprendió: no le faltaba trabajo a su dibujo. Había añadido algo innecesario cuando ya estaba bien.