¿Con patas correría más deprisa? Ahe volvió a tomar el pincel. Junto al cuerpo dibujó una patita y después otra. Ahora había dos.
Miró a ambos lados. —Si tiene aquí, también necesita allí. Bajó el pincel otra vez: una tercera pata, luego una cuarta. Cuatro pequeñas patas salían del cuerpo curvo.
Ahe dejó el pincel suspendido en el aire. ¿Por qué su serpiente parecía ahora una lagartija? Las cuatro patas no desaparecieron cuando frunció el ceño. La serpiente de madera seguía sin tener ninguna.